El lenguaje de los chilames

Todos los manuscritos de Chilam Balam están escritos en yucateco clásico, la lengua hablada en la mayor parte de la Península de Yucatán en el momento de la invasión 3. Esta lengua tiene tres propiedades que la transforman en una valiosa herramienta cultural: es culta, es decir, contiene un vocabulario refinado, ha dejado abundantes testimonios literarios, y sirve de enlace entre las variedades existentes de la lengua maya.

El lenguaje de las profecías es poético, gracias a recursos expresivos como la rima, la métrica, y la reiteración fonética y semántica, cuyo fin es propiciar la memorización. La rima consiste en reiterar sonidos, como la sílaba “il” de los siguientes versos:

                                      Oshil waj u waj, kupil waj u waj.
                  De tres tortillas será el pan, de jícamas será el pan.

La métrica consiste en dotar a dos o más frases de la misma extensión y acentos; por ejemplo:

                                             Oshk’as u ta, Oshk’as u tak’,
                                oshk’as u ton, Oshk’as ti yol tu yajaulil.
  Muy mala será, muy mala la apariencia, muy mala la pisada, muy                              mala la voluntad de los gobernantes.

La reiteración es de varios tipos; las más usuales son la sinonimia, la polarización, el difrasismo, la reiteración y la frecuentación.

La sinonimia emplea sinónimos para distribuir, aclarar, enfatizar o matizar el sentido; por ejemplo:

U yulel ka its’inob, ka sukunob lai sak winiqkobe, yal u mejen aj                                                                     saktanile,
        llegan nuestros hermanos mayores, nuestros hermanos los                        hombres blancos, la generación de los blancos rostros.

La polarización compara pares, como ambos géneros, el día y la noche, el agua y el pan, etcétera; por ejemplo:

                  Alabebal u shikinnob ish ma yumob, ish ma nailob.
                            Lo dirás al oído de los huérfanos de padre
                                                y los huérfanos de madre.
 

3  No hay que confundir el maya clásico con el protomaya de las estelas del Período Clásico..

El difrasismo relaciona dos o más términos para construir un tercer significado, como en estas frases:

U poop, u ts’am, su estera y su banco (el gobierno).
Jalal chimal, la flecha y el escudo (la guerra).

Un tipo especial de difrasismo usa frases enteras para formar el tercer significado. Por ejemplo, en el siguiente verso, el concepto de “serpiente emplumada” resulta de vincular dos frases relativas al ave y la serpiente:

                        Tu k’in yan yash kuts, tu k’in yan sulim chan.
                            Entonces se presentará el pavo precioso,
                        entonces se presentará la serpiente acuática.


La reiteración repite el término en el marco de la frase para destacar su sentido; por ejemplo:

                                         P’entakil t’an, p’entakil k’in,
                                      p’entakil tunich, p’entak winik.
              Habrá una palabra de esclavos, un tiempo de esclavos,
                      un castigo de esclavos, una humanidad esclava.


La frecuentación duplica el término, creando macrotérminos enfáticos, como en el verso:

                                              Koil koil t’an, t’ol t’ol kan,
                                                   Locas, locas palabras,
                              delgadas, delgadas serpientes (de lluvia).


Estos recursos suelen combinarse; por ejemplo, el siguiente verso aplica la rima al término inicial de dos polaridades:

              Emom u k’ik’el che yetel tunich, elom kaan yetel luum.                                        Chorrearán sangre los árboles y las piedras,
                                               arderán el cielo y la tierra.


Una propiedad de estos textos, es que suelen encubrir ciertos temas mediante recursos como la simbolización, la metáfora, la hipérbole, la evocación y el juego fonético.

La simbolización consiste en representar una idea mediante otra que se le relaciona simbólicamente; por ejemplo:

Entonces comenzará a atar su carga el Señor Once Ayunador con una cuerda de viento seco - significa que la sequía provocará una gran hambre.

Tras el signo de los dragones, se presentará la serpiente con palabras encontradas - significa que, después de un año llamado Tormenta, viene otro de signo Lagartija.

La metáfora representa la idea mediante una imagen de distinta naturaleza, como:

Se morderán los zorros, levantará el cuello la serpiente venenosa - significa que combatirán entre sí los funcionarios coloniales.

La hipérbole exagera la idea; por lo general, se basa en una metáfora o simbolización. Por ejemplo, el siguiente verso asocia el agua al fuego para indicar en forma directa el ímpetu de la acción, pero también alude a la guerra, llamada en el simbolismo anahuaca agua quemada:

“Arderá el mar cuando me alce y me siente (como rey); el fuego arrasador iluminará mi venganza.”

La evocación consiste en evocar una acción por sus causas o efectos, como en las frases:

Caerán cuerdas del cielo - para ahorcar.
Se escuchará la sonaja - llamando a guerra.
Entrarán los buitres a las casas - por la epidemia.
Gritarán las ranas al mediodía - por la sequía.

El juego fonético tiene dos modalidades; la primera consiste en aprovechar dos o más acepciones de un término, o de términos fonéticamente parecidos, para expresar sentidos complejos o convergentes. Por ejemplo, al aplicar a los invasores el título de Ibteelob, formado por Yib, cundir, derramarse + Teel, horda, chusma, el Chilam juega además con la frase Yib Teel, la señal del madero, en alusión a la cruz.

Este recurso suele esconder referencias míticas e históricas; veamos dos casos:

• Los invasores son llamados Maash, mono, no sólo en juego con la segunda acepción del término, aporreador, sino también para aludir a los monos pecadores del mito creativo.

• El pecado se asocia con la flor, no sólo por su naturaleza “florida” o superficial, sino también porque el nombre de la flor, Nikte, se puede interpretar como composición de Nik, gastar + Te, sufijo de actor, es decir, el que se gasta.

La segunda modalidad del juego fonético consiste en evocar un término por su parecido fonético con otro, aunque el significado no tenga que ver con lo que se dice. Por ejemplo, los nombres de los animales de los siguientes versos son idénticos a conceptos relativos a la sequía y la escasez de alimentos, lo que permite (y exige) dos traducciones literales:

Caerá una lluvia de animales,                      Caerá una lluvia falsa,
una lluvia de gavilanes,                                     una lluvia chorreada,
una lluvia de espantajos,                                              una lluvia árida,
una lluvia de pájaros carpinteros,                   una lluvia ardiente,
una lluvia de arañas,                                                    una lluvia escasa,
una lluvia de buitres,                                              una lluvia culpable,
una lluvia de pollos,                                                  una lluvia colgada,
una lluvia de venados.                                             una lluvia goteada.


El encubrimiento de la información mediante juegos de palabras se hace institucional en un tipo de lenguaje iniciático llamado Suyua T’an, lenguaje oculto, apodado Nojoch Kan, gran enseñanza, mediante el cual aquella sociedad validaba a sus líderes. Este lenguaje se encubría con una clave alimenticia, aprovechando el doble valor de los nombres de ciertos alimentos o recetas de cocina.

Otro aspecto del lenguaje de los chilames que merece comentario, son los términos de identidad. Los chilames le dan cinco nombres al país maya:

• Chak’anputun, la llanura.
• Mayapatan, el país maya.
• Suyuapatan, los límites del país.
• Sakiapan, bandera blanca.
• Kusamil, isla blanca.

Los traductores que he podido consultar interpretan el nombre de Kusamil como arcaico de Cozumel, nombre de una isla sagrada ubicada al este de Yucatán, pero versos como los siguientes desautorizan tal lectura:

“Cuando lleguen a asentarse los extranjeros en el corazón del país de Kusamil y acabe el mando de los descastados y los sin linaje…”                                                                                                                             (Tizimín 8.5)

“Entrarán al cristianismo las grandes ciudades y sus moradores… y todos los pueblos y aldeas en todo nuestro país de Maya Kusamil, el Estado maya.”
                                                                                                                 (Chumayel 14.4)

Cozumel significa relativo a las golondrinas, mientras que Kusamil se forma de Kus, un arcaísmo para blanco, radiante + Ja, agua + Mil, lugar, es decir, la isla blanca. Es el equivalente maya del topónimo náhuatl Astlan, tierra blanca, la isla mítica donde proceden los anahuacas.

En cuanto al nombre de Yucatán, los textos proféticos lo mencionan una vez, en términos que sugieren que no es maya, sino una importación:

“Entrará una nueva enseñanza a la provincia central de Maiku Mayapán, capital de este país más tarde llamado Yucatán.”
                                                                                                                         (Tizimín 6.8)

Opino que procede del nahuat Yukatan (en náhuatl, Yo’katlan), tierra separada, al otro lado, lo que se puede entender de dos modos: como referencia al hecho de que Yucatán está separada del resto de Anáhuac por el Golfo de México, o como referencia a Cuba. Considero que el nombre fue tomado hace un milenio por los antepasados de los caribes, junto con otros términos del nahuat que aparecen en las Antillas (como Kuba y Kulua), y transmitido a los españoles antes del descubrimiento de la América continental.

                     Kusamil, isla blanca, es el nombre mítico del país maya.

Otro término que se suele interpretar de forma impropia es el gentilicio itzá. Por lo general, se asocia con los moradores de la ciudad de Chichén Itzá, pero citas como las siguientes muestran que es un título genérico, equivalente a maya:

“Te duele en el corazón mi mensaje, ¡oh, maya itzá!”
(Profetas 9.5)

“Los hombres blancos… se extenderán sobre la tierra y cubrirán como una inundación las montañas del país maya, de los mayas itzaes.”
(Kukeb 13.9)

Los chilames indican que los yucatecos adoptaron el gentilicio de su capital, llamándose itzaes en tiempos de Chichén, y, mayas, cuando Mayapán pasó a representar al país. Tal costumbre se interrumpió cuando los españoles hicieron su capital en Mérida, llamada anteriormente Ichkaansijo, faz del nacimiento del cielo, y apodada Tankaj, ciudad central, y Maiku, fortaleza maya